viernes, noviembre 20, 2009

Dos genios del piano,
Clara Haskil y Geza Anda, fundidos en un abrazo
compartiendo los aplausos después de
tocar el Doble Concierto de Mozart K365

domingo, noviembre 15, 2009

El medio errado, la persona equivocada

Parece que P.P. García Caffi resolvió quebrar el silencio. Posiblemente acosado por los testimonios en el sentido de que no da audiencias a relevantes artistas locales que desean entrevistarlo (pero impune en su “turris ebúrnea”); y las denuncias sobre el tema del translado del archivo sonoro además de despidos de personal artístico calificado, el huidizo pero engreído ex–Zupai, de gestión tan objetada como la de su hermano, el otro ex-Zupai que depreda día a día la Clásica de Radio Nacional, abrió las puertas del Colón a la televisión para mostrar las refacciones durante una hora.
Una pena que eligiese a Cristina 5 Néstor (que así se denomina al obsecuente C5N), y a alguien –González Oro- que se caracteriza por su chabacanería frente al micrófono y cuya cultura musical se asemeja a la de los Longobardis y Grondonas.
PPGC es como las almejas, se entierra con la lengua... y, penosamente, quienes querían saber cosas del Colon, las recibieron en el medio errado y por la persona equivocada.
¡Que siga viviendo la kakistocracia argentina por siempre!

domingo, noviembre 01, 2009

Amigos:



















Amigos,
El 1º de noviembre se conmemoran 20 años del fallecimiento del insigne pianista VLADIMIR HOROWITZ.
¿Qué mejor que recordarlo escuchando alguna de sus ejecuciones?
Yo lo haré y confío que ustedes le roben unos minutos a sus tareas y me imiten.

Él escuchará donde esté...

viernes, octubre 16, 2009

martes, octubre 13, 2009

Carnegie Hall, 1976

1976, Carnegie Hall, concierto benéfico. Participaron los artistas que se leen en el programa autografiado y se editó la grabación del magno momento.

viernes, octubre 09, 2009














De izq. a der.: Vladimir Horowitz, no identif., Nathan Milstein, Alexander Glazunov.


Rara foto de 1925 de un concierto en el que los dos jóvenes tocaron bajo la batuta del compositor.

jueves, octubre 08, 2009

Experiencia explicable, reticencia inexplicable








Recital de piano

D. Scarlatti, 3 sonatas
Mendelssohn, Variaciones serias
Liszt, Rapsodias húngaras 5&12
Schumann, Kreisleriana
Schulz Evler, Arabescos sobre el Danubio Azul
ELSA PUPPULO
Para el Festival Chopiniana,
5 de octubre de 2009 en el Palacio Paz

Las espaciadas presencias de esta artista suelen concitar gran interés. Es una intérprete muy calificada, con señas personales (musicales) bien definidas. Tiene una gran experiencia y esto es explicable, tras más de medio siglo de carrera. Un mecanismo eficiente que no parece haber sufrido mermas sensibles a través del tiempo. Lo que se llama “una mano fácil”, es decir, destreza no exenta de cierta facilidad natural combinada con miles de horas de estudio y perfeccionamiento. Sólida formación estilística que le permite tener un repertorio ecléctico y variado, en el cual -empero- están ausentes dos de las rocas más difíciles de portar, Mozart y Schubert, y el impresionismo. Y muy buena memoria, aunque –en ocasiones muy infrecuentes- la memoria emocional le haya jugado alguna mala pasada. Lo que, usualmente, suele sucederle a los intérpretes hipersensibles. Además, por la reticencia inexplicable de quienes organizan eventos musicales, como Puppulo toca muy pocos recitales (aquí, un aplauso para Chopiniana), cada año que pasa acrecienta su repertorio. Por ejemplo, las Rapsodias tocadas en la ocasión las entregó por vez primera en su carrera.
En general, es respetuosa de los textos y cuando los altera, como lo hace con buen gusto (aunque innecesariamente), está muy alejada de corromperlos.
Puestas negro sobre blanco sus características de intérprete, vamos al recital.
Las chispeantes Sonatas de Scarlatti (¡ya va siendo hora que toque otras!) recibieron ejecuciones de virtuosismo mezcla de Casadesus y Marcelle Meyer, careciendo del sentido de pequeña orquesta con que las abordaba Horowitz.
En las Variaciones de Mendelssohn, mucho mejor tocadas que hace años en el Colón, hubo una reflexión muy especial en los pasajes canónicos, tan importantes en la mejor obra para piano que escribiera el autor del “Sueño de una noche de verano”. Haber tocado los tres últimos compases forte y no piano, como escribiera el compositor, es una costumbre que (al igual que con la Tocata de Schumann) está enraizada en hábitos de los virtuosos del pasado siglo XX.
Puppulo demostró qué tan libres pueden ser las Rapsodias Húngaras de Liszt. La “Heroída elegíaca” (Nº5) es una obra profunda, poética, improvisativa y poco ejecutada, que en la ocasión recibió una traducción noble y nada afectada. La ramplona y ruidosa Nº12 no justifica el genio de su autor. ¡Cuánto mejor habría sido estudiar y tocar “Carnaval de Pesth”, la novena! Aquí se notó que la pianista la tocaba en estreno.
La difícil Kreisleriana (...memoria emocional..., ver arriba) fue presentada con madurez, soberbio manejo de colores, contrastes y acentos y gran fantasía. La pianista, se nota, está bien cerca de Schumann.
Por decenios se ha tocado en piano “El Danubio azul”, en infinitas variantes; pero siempre, como dijera Horowitz, “pour épater le bourgeois”.
El gran mérito de las transcripciones de Grünfeld y Friedman en valses vieneses, es que respetan la melodía básica y, a diferencia de Godowsky, Cziffra o Schulz Evler, no sobrecargan el texto de notas futiles. Mi sugerencia a la pianista (cuya versión no me gustó) es que exteriorice su amor por Viena tocando cualquiera de las Soirées de Liszt.
La comunicación con su audiencia obligó a la pianista a regalar varios bises.

Claudio von Foerster

lunes, septiembre 28, 2009

En la buena senda

Recital de piano
Chopin, Balada 1
Schubert, Fantasía “El viajero”
Brahms, Rapsodia op.79
Liszt, Sonata en si menor
ALEXANDER PANIZZA, piano
Festival Chopiniana,
16 de septiembre de 2009 en el Palacio Paz

Hace un tiempo, escuchando un concierto con orquesta tocado por Alexander Panizza, disfrutamos de a ratos de un pianista en proceso de crecimiento y maduración. También detectamos materias en las que el déficit era manifiesto.
Cuando el cuadro es de acuerdo a lo antedicho, hay dos caminos que el intérprete recorre: uno, lo conduce a espacios ilimitados; el otro, a chocar contra una pared.
En el primero, no hay límites para mejorar, porque “hay madera”. En el segundo, carencias de órdenes diversos constriñen el crecimiento hasta llegar a la susodicha pared. En el primero, el artista investiga, se perfecciona, desarrolla sus posibilidades y va adquiriendo estatura digna de respeto artístico. En el segundo, llegado a cierto tope, no crece más. Y ahí resultará más o menos atractivo, de acuerdo al nivel alcanzado.
En definitiva, cada quien tiene sus posibilidades de evolucionar y, de acuerdo a cómo lo haga, será intérprete mejor o peor considerado. Como, por ejemplo, en el tennis profesional. Se lucha por un “ranking”. Estar entre los diez mejores del mundo es un logro. Ser número uno es tan difícil como esforzarse para serlo y no llegar.
El programa, a priori, era exigente. Y Panizza lo recorrió dignamente. Su mecanismo es seguro, su espectro sonoro decente y su comprensión musical interesante.
Le falta arrojo pero le sobra sentido común. Nunca se extralimita, pero se arriesga poco. En la Balada, su equilibrio fue positivo, aunque hubiera podido frasear la primera página con algo más de fantasía. En Schubert (tercer movimiento) faltó ímpetu. “El viajero” (Der Wanderer) es denominada así porque el segundo movimiento se basa melódicamente en el Lied homónimo. Alguien, posiblemente sin tener en cuenta las Sonatas D958/959/960, denominó a esta Fantasía como la mejor sonata de Schubert, escrita en cuatro movimientos –y hasta arreglada por Liszt para piano y orquesta. Se dice que cuando el autor de la “Inconclusa” intentó leer su Fantasía en Do ya terminada, no pudo hacerlo, por sus dificultades: "Que la toque el Diablo", parecen haber sido sus palabras. Se trata de una partitura intrincada, en la que Panizza destacó en el lírico y vocal movimiento lento.
En Brahms, su autocontrol fue adecuado. En Liszt, hubiese sido deseable más apasionamiento, contrastando con los pasajes de contemplación logrados con acierto. Mauclair dijo que en esta obra, el Abad era mezcla de gitano y franciscano. La dicotomía es ardua de plasmar. El pianista, por ahora, parece ser más afín con el franciscano que con el gitano.
Panizza está creciendo, sin dudas. Deberá madurar aunque ya camina por la buena senda. Solamente él, y el tiempo, nos dirán por cuál de los dos caminos habrá de transitar los próximos tiempos.

Claudio von Foerster

sábado, septiembre 26, 2009

Obituario


Avisamos a nuestros lectores del fallecimiento de la pianista catalana Alicia de Larrocha. A los 86 años expiró ayer en su casa de Barcelona.
Había debutado a los 5 años y pertenecía a la escuela pianística catalana, liderada por Frank Marshall. Deja tras de si incontables grabaciones, algunas de ellas valiosas. Destacó en los compositores españoles -Soler, Albéniz, de Falla, Mompou, Granados, etc.

lunes, septiembre 21, 2009

Tradición, plagio y demás asuntos


Recital de Piano
Chopin, 2 scherzi, Vals, Polonesa 6, Mazurcas
Liszt, sel. de Estudios Trascendentales
MARIAN SOBULA, piano
Festival Chopiniana
11 de septiembre de 2009 en el Palacio Paz,
Buenos Aires.


Dos enemigos irreconciliables en la vida y el arte, Mengelberg y Toscanini, coincidieron -empero- en definir su visión de “tradición”: respectivamente dijeron “tradición es la última mala interpretación” y “tradición es traición”. Como se ve, el terreno es lo suficientemente farragoso como para discursear aquí y ahora.
Pero es evidente que la “gran tradición” polaca de interpretar a Chopin ha desaparecido, pulverizada como por un sismo, si recordamos a sus señeros exponentes que hemos podido escuchar desde principios del siglo XX: Kocsalski, Michalowski, Paderewski, Friedman, Rosenthal, Hofmann, Rubinstein, Stefan Askenase son ejemplares testimonios -entre otros- de cómo tocaban a Chopin los polacos de antaño. Czerny Stefanska, Zurawlew, Stefanski, Hesse Bukowska y compañeros de ruta los sucedieron, con menos vuelo, con menos sutileza, con menos imaginación, con más textualismo y casi nada de refinamiento. Comienzo de la degradación. En suma, si hubo una tradición polaca de tocar a Chopin, ha desaparecido en manos de los pianistas que siguieron a los viejos patriarcas; y los que tocan hoy -que (como mínimo) debieran armarse de un buen archivo discográfico para saber cómo tocaban sus gloriosos compatriotas- no se quedaron atrás en una meticulosa labor de destrucción de un estilo.
Dicen que quienes copian a alguien, plagian..., y quienes plagian a muchos investigan. Considera quien éstas líneas escribe, que citar a quien se está copiando no es plagio, sino tomar referencia. Pues bien: el decano de la crítica musical local y sudamericana, homenajeado en nuestros espacios reiteradamente, Jorge d’Urbano, la emprendió contra un pianista (que llamaremos X) que golpeaba su instrumento en la década del cincuenta, con frases como las que siguen:

"La construcción de los pianos modernos es un verdadero alarde de sutileza combinada con el máximo de resistencia. Los fabricantes han llegado a producir instrumentos tan asombrosos en su variada capacidad, que pueden registrar un pianissimo de Gieseking y, a la vez, cosa que es materia de posible incredulidad, aguantar un recital íntegro de X que anoche fue presentado al público de esta ciudad...; ...lo de anoche no fue un concierto, fue un concurso de resistencia entre un Steinway y un pianista decidido a demolerlo...;...con todo mi respeto y admiración por Steinway, creo que X cuando finalizó el programa, estaba a punto de vencerlo ... ; ... forzar la sonoridad natural de un instrumento es la fórmula más directa para hacerlo sonar mal y crear un ambiente de cosa exterior y superficial...”.
Definir el recital de SOBULA puede ser hecho en dos líneas: se trata de un aporreador al estilo Volodos que desconoce olímpicamente cómo los grandes de siempre tocaban a Chopin y que en Liszt -que le sentó algo mejor- anduvo por sendas parecidas. A pesar suyo, el Blüthner resistió...
No es nuestra labor dar consejos, sino simplemente verter opiniones. En este último terreno diría que un pianista que gradúa sus volúmenes en una sala tan pequeñita como ésta como si estuviese tocando en el NHK Hall de Tokio, sencillamente, no tiene remedio. Y colorín-colorado, esta pesadilla ha acabado.
Claudio von Foerster