lunes, agosto 25, 2008

Una mitad mejor que la otra ...


Recital de piano
Programa: Medtner, Improvisación Op.31#1, Marcha fúnebre, Danza festiva Op..38#3 ; Rachmaninov, Segunda Sonata Op.36; Liszt, Música sacra (Dos leyendas de San Francisco, Bendición de Dios en soledad), Fantasía sobre temas de Rienzi.
DANIEL GLOVER, piano
18 de julio de 2008 en el Museo Fernández Blanco

Lo primero que debe destacarse de este recital es la falta de convencionalismo del programa: cosa extraña, ningún barroco, ningún clásico, ningún romántico (porque Liszt no lo fue estrictamente ; y porque las obras suyas que eligió el pianista no lo son). Y es elogiable siempre, que un artista (con respeto), ignore las costumbres y toque ya sea lo que más le gusta o lo que mejor le sienta. Que no arme programas demagógicos meramente para agradar , o con obras de muy sencilla comprensión para que el público se arrellane en su butaca a oír en vez de escuchar y en lo posible sin pensar (que es lo que escogen hacer muchos: facilismo intelectual o facilismo musical).

Lo que hizo Glover es un mérito conceptual y una osadía en los tiempos que corren, tiempos de recitales adocenados (todos tocan las mismas obras o parecidas), cortos y fáciles (para, presumiblemente, “aliviar la dura jornada laboral del asistente”, sin pensar que aquel concurre voluntariamente a un concierto y no para oír música funcional relajadamente). En fin, que ir contra las modas perniciosas es siempre una brisa saludable. Y escoger el programa que habrá de tocarse con cierto grado de individualidad también es muy bueno. Un artista recreador no es lo que la gente quiere que sea, sino lo que él elige ser...

Claro que una cosa es “armar” un buen programa, criterioso o atractivo o ambas cosas. Y otra es tocarlo convincentemente. Daniel Glover posee un bagaje rico mecánica y manualmente; y un criterio musical que despierta interés. Acaso en algunos volúmenes fuertes use el pedal con menos rigor, haciendo que el sonido sea confuso o los contornos poco definidos. Pero, en general, es un pianista eficiente y digno de considerarse. A quien la primera parte (los rusos), en la ocasión, le salió menos feliz que la segunda (Liszt).

La interesante Improvisación de Medtner, una serie de difíciles variaciones, careció del refinamiento último que da el cincel. Y la Sonata Op.36 de Rachmaninov fue presentada con excesiva turbulencia. Por cierto que Glover acertó escogiendo la corta versión revisada de 1931 y no la extensa y más difícil(para quien toca y para quien escucha) de 1913. Pero tanto el primer movimiento como el tercero adolecieron del juego sorpresivo de claroscuros sonoros típicos del compositor, de los acentos sorpresivos y del redondeo de las frases . Fue todo muy sonoro, casi ruidoso. Por fortuna, el movimiento lento tuvo un grado de intimismo que cortó tanto entusiasmo carente de finura.

En cambio, en Liszt, Glover nadó como pez en el agua. Los Santos hablándole a los pájaros y andando sobre las olas cumplieron sus cometidos cabalmente. En especial la caminata sobre las aguas fue particularmente lograda, con ese casi intocable crescendo previo al final (que sigue siendo patrimonio de Cziffra). La Fantasía sobre Rienzi, obra casi nunca tocada, tuvo una traducción correcta e impetuosa. Es típica de las orquestaciones pianísticas que el Abad hacía para ejecutar él mismo, con la sagrada misión de difundir esas obras, principalmente en ciudades en las que no había orquestas.

Resumiendo: no es que Glover no pueda con los rusos. Simplemente que quien escribe cree que debe refinarlos más. Tampoco que esté santificado como lisztiano, al menos hasta que le escuchemos acertar en los Trascendentales o en la Sonata en si menor, obras ostensiblemente más difíciles de interpretar que las que tocó. Es un buen pianista, con altos y bajos, que eligió su programa con valentía y ejecutó con arrojo. Claro, algún día comprenderá que hasta los guerreros más valientes y arrojados necesitan respirar y descansar.
Claudio von Foerster

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