viernes, diciembre 05, 2008

Actualidad

Parece ser, para decirlo claro y sin sacarle el trasero a la jeringa, que hemos comido gato por liebre. Eso, tratándose de la Argentina, es casi normal.
La original Orquesta Sinfónica de Berlin, que tocó en el país recientemente, se terminó en 2004. Según aparece en Wikipedia, se transformó en la Konzerthaus Orchester. Pero parece que quedó vacante el nombre de Orquesta Sinfónica de Berlin. Aquí aparece el así llamado maestro argentino Jorge Uliarte que es oriundo de La Rioja y que se presenta como un ex niño prodigio. Este hombre se respalda en vinculaciones con las finanzas. Uliarte adoptó la ciudadanía austríaca (su esposa es de ese origen).
Esto del mundo de las finanzas permitió armar una orquesta que tomó el nombre de Orquesta Sinfónica de Berlin. Esta es una orquesta peregrina y no de un sitio estable, según se dice. La orquesta parece haber nombrado a Uliarte director musical por unanimidad. Aquí tiene muy buenos sponsors y es por eso que la así llamada Orquesta Sinfónica de Berlin se ha hecho habitué de la Argentina (Festival de Usuahia, concierto de la municipalidad de San Isidro en el hipódromo, Festival de cine de Mar del Plata, concierto público en el Obelisco, etc).
El "maestro" dirige realmente mal. Es muy curioso ver a los profesores de la orquesta sonreir durante varios pasajes de una obra en los que el "maestro” marca,, al menos, inexactamente. En la obertura de la Flauta Mágica dió un levare exactamente al revés delo que debe ser, por ejemplo.
Dicen que hay varios sitios de Internet en los cuales se está hablando de este bochorno.
¿Alguno de nuestros lectores puede aportar más datos?

3 Pianistas - Grainger · Riesler · Grünfeld

De Oceanía con talento
PERCY GRAINGER (1862-1961), australiano respetado y amado por dos o tres generaciones de melómanos, es más recordado hoy por sus triviales composiciones que por la mayoría de los muchos discos y rollos que hizo. Tomó lecciones con Pabst, Kwast y Busoni; ya a los 18 años realizaba giras de conciertos por Inglaterra, Sudáfrica y su natal Australia. Parafraseando a Slominsky, “la filosofía de vida y arte de GRAINGER apela a la más amplia comunión de gentes y opiniones; su profundo estudio de la música folklórica subraya la estructura melódica y rítmica de su propia música; hizo un esfuerzo concreto para recrear en la música el libre fluir de los cantos de la gente; en forma modesta fue un pionero en la música electrónica; ya en 1937 escribió su cuarteto para instrumentos electrónicos, anotando la tonalidad en curvas y zigzags...”
Fundó un museo en 1935 en Melbourne, en el que se guardan todos sus escritos, manuscritos y recuerdos. El colmo de su inmodesto delirio le llevó a disponer que, después de muerto, el esqueleto de su cuerpo (removida la carne y órganos) fuese a parar a dicho museo, lo cual fue rechazado (yace en una fosa tradicional). Fue todo un personaje. Muchos de sus colegas y críticos se sonreían al hablar de él, pues proclamaba hábitos personales muy llamativos, comenzando (hace mucho tiempo esto era una novedad... ) por ser vegetariano. GRAINGER fue tan individualista en su generación como GLENN GOULD posteriormente. Amigo de Grieg y admirado por éste, hizo un “caballito de batalla” de sus interpretaciones del Concierto enLa menor. Las obras para piano de este autor que dejara en discos quizás son solamente superadas por las de Gieseking o Joyce. El Concierto en La menor que grabara en rollos se utilizaba en su ausencia en grandes salas para ser acompañado por orquestas y directores diversos, como era uso y costumbre en la era de los pianos mecánicos. Su grabación en estudio de la misma obra es buenísima. Su estilo en otros autores es siempre demasiado personal y errático (Schumann, Chopin) aunque los Estudios Sinfónicos son soberbios. Por personalidad, merece conocerse algo más a este pianista. Pero no da, en modo alguno, el cuadro de un pianista de esos que entran en la historia en forma indeleble.


Un precursor
EDUARD RISLER (1873-1929), nacido en Alemania y formado en Francia (también estudió a Beethoven junto a D’Albert), no tiene la mayoría de las características de los pianistas franceses, acaso por la influencia de sus estudios con Liszt y Stavenhagen. Después de todo, las influencias catalanas y vascas de Casadesus y Nat (respectivamente), la formación alemana de un Gieseking (francés por el accidente geográfico de su nacimiento) y Cortot (suizo) ratifican el yerro de quienes proclaman a estos pianistas como franceses ... Su amor por Wagner le llevó a ser director escenógrafo en el santuario de Bayreuth y hasta redujo para dos pianos la partitura de Los Maestros Cantores, que solía ejecutar a menudo con su amigo Cortot. Ya en 1906 tocaba el ciclo completo de Sonatas de Beethoven, asombrando al público por su rango sonoro de inusual variedad. Lástima, teniendo en cuenta estas características de su pianismo, que no nos haya quedado en discos su versión de “Till Eulenspiegel”, la que debió haber sido toda una experiencia. Lo que ha quedado grabado de RISLER es exasperantemente breve: un solo movimiento de la Sonata No. 18 y el Segundo Movimiento del Concierto Op. 58 de Beethoven (haciendo RISLER las partes de piano y la orquesta en arreglo) nos presentan (en discos) a un artista delicado, sensible, con un sonido del tipo del de Gieseking en el pianissimo y una articulación tan clara que puede saborearse a pesar de la deficiencia de las tomas. Cosa curiosa, pues son de 1917, fecha en que otros pianistas ya contaban con mejores técnicas de grabación. La Rapsodia Húngara No. 11 de Liszt es poderosa, aunque de las versiones de aquellos tiempos preferimos a PUGNO. Para muchos, fue RISLER el primer pianista en ejecutar el integral de Chopin, lauro que algunos agentes de conciertos le concedieron a Brailowsky. Entre sus alumnos citaré a Jacques Fevrier, Pierre Luboschutz (recordado por el dúo junto a Genia Nemenoff) y Marcel Gaveau. Si el segundo de ellos actuó casi solamente como duettista, los otros dos no parecen haber recogido el manto de una forma de tocar el piano que fue muy particular, en especial por su hondo sentido descriptivo. Los discos de RISLER con miniaturas clavecinísticas de Rameu, Dacquin o Couperin, parecen sólo emulados por Marcelle Meyer y una de las Danzas de Granados recibe una traducción españolísima ... Los músicos no están exentos de hábitos gastronómicos muy peculiares: ¡Percy Grainger era un delgado vegetariano y RISLER murió antes de cumplir los 60 años por gula!


Gran Música en Pequeñas Formas
ALFRED GRÜNFELD (1852-1924) nació en Praga y tuvo el honor de tener amistad con Brahms. Lamentablemente, la vasta cantidad de discos que grabara contiene naderías musicales o transcripciones intrascendentes y obras propias casi sin valor musical. GRÜNFELD ya grababa para Emil Berliner en 1899 y en pocos años hizo más de 120 títulos. De todas formas, sus transcripciones con música de Schubert carecen del supremo buen gusto, refinamiento y posibilidades instrumentales que tienen las de Liszt o Von Dohnanyi y nunca excedió GRÜNFELD la categoría de (excelente) pianista de salón, lo cual había asumido con tal nobleza y no pretendiendo evadir jamás esta condición a la que muchos aludían peyorativamente. En estos días en que nos someten a escuchar a “pianistas de salón”, porque en aquellos recintos lo básico era el buen gusto, del cual los pianidactilógrafos actuales en general carecen. Además de sus transcripciones, escribió una opereta en 1903 y una ópera cómica en 1907, hoy fuera de repertorio. Acaso las mismas hayan tenido el sabor vienés que tanto cautivaba a su autor. ¿Aquellos que realizan enésimas grabaciones de operetas de Strauss y Léhar: podrían llevarlas a discos? De sus discos, las transcripciones de Strauss son muy sencillas en la escritura y carecen acaso del gran virtuosismo que poseen las de Rosenthal, Godowsky o Schulz-Evler. Pero, tocadas por el propio GRÜNFELD, son joyas de archivo.

Fino, capaz, versátil, olvidado....


ANDRÉ CLUYTENS (1905-1967) nació en Amberes y ha sido posiblemente el más importante director belga del siglo pasado. A los 16 era ya director asistente de su padre, titular del Teatro Real en su ciudad natal. Pasó a su vez a ser titular seis años después. En 1932 se mudó a Francia donde dirigió en los importantes centros musicales de la época y recibió (optó por) la ciudadanía francesa. En la posguerra tuvo tres nombramientos importantes: titular de la Opera, luego de la Opera Cómica y finalmente sucesor de Munch en la Orquesta del Conservatorio. Simultáneamente, en su país natal, dirigía la Orquesta Nacional Belga. Pasó luego a la Orquesta Nacional de Radio Francia y a dirigir la Sinfónica de Viena. Cuando la Filarmónica de Viena hizo su gira por EEUU en 1956, CLUYTENS compartió el podio con el insigne Carl Schuricht. En 1955 fue el primer director francés en dirigir en Bayreuth, sustituyendo al enfermo Jochum. Hasta 1958 condujo títulos wagnerianos en ese teatro (su registro en vivo de Meistersinger es memorable). Obviamente, frecuentó y condujo todo el repertorio francés, pero paradójicamente era reconocido muy en especial por su integral de sinfonías de Beethoven, que grabara con la Filarmónica de Berlín.

Su discografía extensa materializada en la Segunda Guerra Mundial se agigantó luego con el advenimiento del vinilo. Tiene dimensiones extraordinarias y calidad bastante pareja. Era una batuta directa, sin rodeos, cultivando las texturas y los colores como buen galo pero a la vez manteniendo una disciplina estilística habitualmente asociada a los germanos.
PUNTOS SALIENTES DE SU DISCOGRAFIA:Beethoven, las 9 sinfonias;
Ravel y Debussy, integral de obras orquestales;
Shostakowitsch, los 2 conciertos para piano (con el autor) y registros como acompañante, entre otros, de Gilels, Long, Solomon, Boukoff etc.

jueves, noviembre 06, 2008

Un tsunami llamado "Pablo" - Parte II

Hace unos años, un oyente llamó al programa que tenía Pablo Kohan en Radio Nacional los sábados por la tarde y elogió la musicalidad de Solomon, cuyas grabaciones completas estaba difundiendo la emisora con gran éxito. La respuesta del conductor fue que a él "No le interesaban los pianistas de antes".
Los tsunamis nunca son iguales, siempre cambian. Las dos columnas de "Allegro" que firma hoy PK hoy en La Nación prueban o que el escritor cambió sus gustos o que acrecentó su cultura musical.
Lo importante es que PK se haya dado cuenta que hablar de los pianistas antiguos no es ni pecaminoso, ni infeccioso.

domingo, noviembre 02, 2008

Y bueh! .... es lo que hay

La Novena de Beethoven es sagrada. Comprendemos que ya no podemos verla y escucharla por televisión (ocasionalmente en dvds) por Toscanini, Horenstein, Klemperer, Karajan y otros , aunque sí refugiarnos en las versiones en discos de vinilo o compactos de Walter, Furtwängler, Kleiber, Busch, Leibowitz, Leinsdorf, Mengelberg, Weingartner, Jochum, Böhm, Abendroth, Fricsay, Szell, Monteux, Munch, Ormandy, por solamente citar algunas muy calificadas.
De ahí que verla y escucharla en el Canal "B" (de Barenboim, pues parece que sólo consiguieran videos del argentino-israelí-británico-alemán ahora palestino) conocido como Film and Arts dirigida por el hiperpromocionado Barenboim resultó deprimente: una visión laxa, anodina y arbitraria, superficial como casi todo lo que toca o dirige-, con algunos solistas en noche deplorable- como la soprano, casi sin fiato y con abuso del portamento para llegar a los agudos- y un show mediático montado para el final, con reparto de flores incluido.
Comprendemos que ya no hay gigantes. Y que la tele entregue lo que se produce hoy. Por eso, nuestro título, resignada expresión de moda entre nuestros adolescentes...

sábado, octubre 11, 2008

Renovado interés y elevado nivel

Programa:
FRANCK, Preludio-coral y fuga ;

CHOPIN, Selección de Estudios ;
LISZT, Rapsodias húngaras 11 y 13;

RACHMANINOV, Selección de Preludios.
ELSA PUPPULO, piano.
8 de octubre de 2008 en el Teatro Santa María.
Festival Chopiniana.


Desde su regreso de Europa, hace ya varios decenios, la carrera de Elsa Puppulo se ha consolidado con firmeza: solidificó sus medios, amplió el horizonte de su repertorio y creció musicalmente. Ha hecho nuevas giras al exterior y, a partir del Colón, ha tocado en salas capitalinas y de todo el país. Claro, no ha organizado ágapes para los críticos (que yo sepa), no se ha codeado con el poder de turno ni ha hecho alpinismo artístico, esto es trepar y trepar como se pueda. Ni tuvo el raro privilegio social de comer en televisión con una conocida septuagenaria conductora.
A una reconocida instrumentista que, por ejemplo, ha tocado el difícil integral con orquesta de Rachmaninov, los Conciertos de Brahms, Liszt y Bartok, las Diabelli y las Goldberg, entre otras cosas, nunca la ha contratado el elitista Mozarteum, ni la Wagneriana, ni Amigos de la Música, ni Festivales Musicales ni otras hoy desaparecidas asociaciones musicales siempre reservadas a los amigos locales. Evidentemente, o Puppulo está mal representada, o no ha sabido coquetear con quienes disponen del poder para elaborar los planes musicales en este bendito país. O este poder, como cree este crítico, sencillamente está en manos de obtusos e ignorantes, o algo peor...
Por eso resultó edificante su participación en Chopiniana, un festival hecho a pulmón y sin demasiada publicidad. Que cada miércoles ofrece un recital en una sala pequeña; y que ha traído a muchos pianistas interesantes del exterior. El Preludio, coral y fuga de Franck explota recursos sonoros y tímbricos excepcionalmente difíciles y transita por el misticismo de su autor. Es una obra poco accesible al público pero enriquecedora desde donde se la contemple o escuche. Puppulo la vertió con sentido de unidad y calidez . Supo transitar comprensivamente por el desarrollo del Preludio, por el recogimiento del Coral con fraseo elevado y también plasmó con sencillez una fuga que, por reiterativa, suele ser aburrida si no se la camina en el tempo adecuado. Además, no se embelesó con su bello sonido sino que la transitó por el ascetismo.
No creo, a tenor de la frecuencia con que los ha tocado (incluyendo un pedagógico dvd) que a la pianista le cansen los siempre bellos Estudios de Chopin. Pero tampoco creo que a quien escribe le interese escuchárselos con tanta reiteración. Cuando un pianista repite hasta el hartazgo una obra se supone que es porque tiene cosas nuevas para decir. Me pregunto, en este caso, ¿cuáles han sido esas cosas? Personalmente, se los he escuchado mejor que en la oportunidad.
En cambio, las Rapsodias de Liszt son nuevas a su repertorio. Y, al margen de la excelencia instrumental puesta de manifiesto, se percibe de lejos cuando alguien investiga terrenos nuevos, con fruición expresiva y explorando ricamente todos los recovecos de la partitura. Fueron versiones ejemplares, tocadas libremente pero con estilo y clase, a las que -en el futuro- no les vendría mal algo menos de almíbar.
Rachmaninov es un autor que Puppulo conoce acabadamente y que domina a la perfección. Esta selección de Preludios, primer peldaño de un integral que se espera para el año próximo, es ardua para tocar y endiablada para interpretar. La pianista desbrozó las intrincadas partituras con maestría y dominio del lenguaje. El resultado entregó pequeñas joyas que el público premió largamente. De todas formas, por estar frecuentándolas por vez primera, estoy seguro que estas joyitas irán enriqueciéndose a medida que aumente la familiaridad de la Señora Puppulo con ellas, sus nuevas amigas. No juzgo, como casi siempre que las omito, las obras fuera de programa: los bises son regalos y a éstos “no se les cuentan las costillas”. Un recital muy alzado que añade otra gema a la corona de la mejor pianista argentina residente en el país.
Claudio von Foerster

viernes, octubre 10, 2008

Director insigne

ALBERT COATES (1882-1953) es, sin olvidar a Barbirolli, el más insigne intérprete inglés de música rusa. Claro que, geografías aparte, esto podría encontrar una explicación en el hecho de haber nacido en San Petersburgo de padre inglés y madre rusa, aunque meternos en cuestiones genético-musicales nos arrastre por laberintos tales como vincular las grandes interpretaciones wagnerianas de un italiano (Toscanini), las beethovenianas de un francés (Monteux), las francesas de un ruso (Khondrashin) y así ad finitum. El maravilloso arte de los sonidos no admite marcos limitativos, afortunadamente.
Coates estudió, desde pequeño, violín, cello y órgano además de composición con Rimsky. A los 12 fue enviado a formarse a Inglaterra, cursando cuatro años de ciencias en Liverpool. Volvió a Rusia a trabajar con su padre, pero pronto se volvió a tiempo completo a la música. Fue a Leipzig a estudiar piano, cello y composición y se ligó como cellista a la orquesta del Gewandhaus dirigida por el celebérrimo Nikisch, con quien aprovechó a estudiar dirección. Pronto (1904) pasó a ser su asistente. A partir de ese momento, recomendado por su maestro y mentor, pasó a trabajar en varios puestos, entre otros con Schuch y Bodanzky. De 1910 a 1918 fue titular de la Opera Imperial en su ciudad natal. Intimó con Scriabin y otros compositores de su tiempo y, pese a haber sido confirmado en su puesto por los bolcheviques, escapó en 1919 vía Finlandia, a causa de la hambruna que el régimen soñado originó en Rusia.
Volvió a Londres para hacerse cargo de la Sinfónica y allí desplegó sus talentos muchos años, inicialmente promovido por Beecham. Sus noches wagnerianas en el Covent Garden fueron legendarias. Se le permitió volver tres veces a la URSS, desde actividades en Berlín, Viena, Estocolmo, Rótterdam y otros famosos centros musicales europeos. Invitado a EEUU dirigió diversos conjuntos, aunque se lo recuerde más por su labor en Rochester. Su vida itinerante le hizo pasar la 2ª Guerra Mundial en ese país, pero retirarse en 1947 a Sud Africa, donde le halló la muerte.
Sus grabaciones son, fundamentalmente, del período de los discos de 78rpm ya que el advenimiento del vinilo lo encontró retirado. Todos sus discos son gemas del estilo (excepto, acaso, la Júpiter cuyo movimiento inicial es inusual y extrañamente rápido) y de perfección técnica. Destacan obviamente las placas del repertorio ruso y wagneriano. Se lo recuerda destacadamente por el 3er Concierto de Rachmaninov con Horowitz, por los fragmentos wagnerianos con los mejores cantantes del siglo en el repertorio y, finalmente, por obras de R. Strauss, Respighi, Strawinsky y Liszt.
Creemos enfáticamente que, en este tiempo en que pueden mejorarse tanto los viejos registros, se impone una reedición seria de su legado.

PAU (PABLO) CASALS


Reproducimos, para homenajear al padre del cello del siglo 20, el obituario publicado en la revista OBERTURA de Buenos Aires, prestigioso y hoy desaparecido medio, que por un decenio compartió con BUENOS AIRES MUSICAL el firmamento de las publicaciones especializadas de la Argentina, ambas nunca superadas. Esto que sigue es de 1973.


In memoriam 1876-1973

Aunque se busquen connotaciones musicales en la vida y obra del genial catalán que fuera Pablo Casals, precisamente porque la música fue la vía elegida para concretar una personalidad excelsa en virtudes y rica en amor al prójimo, no cabe duda que con el deceso de Pablo Casals se ha perdido para la humanidad una de las máximas expresiones que en el arte integral tuviera nuestro siglo. Fue el músico que nunca excluyó la tarea básica del ser humano: hacer felices a sus semejantes con los más puros medios de realización. Si hubieran de valorarse sus dimensiones a partir de la música, para llegar a la semblanza del hombre integrado a la comunidad, solamente cabría la comparación con Arturo Toscanini o con Albert Schweitzer.

Tarea tan sencilla como dolorosa resulta escribir una necrología de Casals, una de esas figuras que desearíamos fuesen inmortales. Porque importa muy poco discutir sus méritos como compositor de trascendencia: posiblemente no lo haya sido, aunque sus obras estuvieran siempre destinadas a llevar un mensaje de paz y amor y las mismas intrínsecamente tuvieran un endeble valor musical.
Lo que muy pocos podrían discutir es la coherencia que en toda su vida tuvo para con aquellos sistemas de gobierno que el primigenio vocabulario humano dio en llamar dictaduras. Comenzó su callada protesta en la actitud de negarse a visitar Rusia a partir de la revolución del 17, luego deploró la Italia fachista y la Alemania nazi para culminar (como insigne hijo de España) negándose a poner sus pies en suelo peninsular mientras permaneciera en el poder Franco [N.de la R.: los artistas le han dado portazos históricos a los dictadores a través del tiempo. Toscanini a Mussolini y Hitler, Hans Hotter y Juan José Castro a Perón, y muchos otros ejemplos...]. Si sus puntos de vista sobre política fueron o no discutibles poco interesa; lo que importa es la línea de conducta sin desviaciones que ostentó a lo largo de toda su vida y de la cual, exaltado o censurado, jamás se apartó.
Finalmente debe aludirse por fuerza a Casals como máximo exponente de la interpretación de violonchelo del cual se tenga memoria directa. Porque no dejan de aparecer como mitológicos Paganini así como Liszt, cada uno en su instrumento. Pero a ninguno de ellos se los puede escuchar hoy. En cambio, Casals ha dejado en la memoria, la retina (filmaciones) y el oído de quienes le frecuentaron (grabaciones que lo testifican) la innegable valía de su arte. Tuvo el mérito de ser uno de los primeros -sino el primero- en dar al violonchelo el lugar que merece ocupar en la escala de valoración de los instrumentos solistas. Además de hacerlo, posiblemente, como ninguno. Su absoluta capacidad le permitió lograr el llamado “inconfundible sonido Casals” y también hacer del arte musical una religión con escasas concesiones interpretativas, aún con extremas libertades, amén del permanente afán de perfección que estuvo presente en todas y cada una de sus versiones.
En este orden de ideas, la discografía ha sido generosa con Casals como él lo fuera con el genial invento del disco. Sus grabaciones en Prades y Perpignan, las suites de Bach que le pertenecen, las sonatas de Beethoven con Serkin, los registros con sus amigos Cortot y Thibaud y sus placas como inmarcesible director destacan como excepcionales.

Con la desaparición de Pablo Casals se ha ido un ser humano en niveles poco habituales. En esta postrera mención de su carrera poco importan elogios o críticas a determinados enfoques de su idea vital. Lo que quedará trascendentemente grabado a fuego en los anales de la humanidad es su devoción por la justicia y su enjundia como artista hasta hoy posiblemente inigualado.

arriba, el Maestro en soledad

Distintivo y distinguible

Programa:
Gabriel Fauré, 2 Nocturnos;
Ravel, Espejos; Chopin, 2 Baladas, 4 Mazurkas, Scherzo Nº2
DANG THAI SON , piano
17 de septiembre de 2008 en el Teatro Santa Maria, Festival Chopiniana

La presentación en Argentina de este pianista vietnamita repara su accidentada visita de 2007, en la que no pudo tocar a raíz de una imprevista enfermedad. Su presencia deja aristas de interés y puntos objetables.
Lo cierto es que este multi laureado instrumentista tiene la misma solvencia mecánica que usualmente, y casi sin excepciones, se les reconoce a los pianistas orientales de Fu T’song a nuestros días. Criterioso rango dinámico, buenos dedos, partes del recital exhibiendo claridad conceptual y un mundo sonoro-en general- atrayente. Pero poca individualidad.
Fauré parece haber caído en el olvido de los pianistas durante el último medio siglo, salvo algunos que han seguido ocupándose de pequeñas piezas sueltas; o especialistas en su obra integral. Su mundo autoral está pleno de sutilezas, insinuaciones y fantasía y es realmente un compositor difícil de tocar, aunque sus brevedades sugieran lo contrario.
Los Espejos (“Miroirs”) de Ravel están presentes en el repertorio pero, comúnmente, a través de algunos de sus números: a incontables versiones de Alborada del gracioso y Valle de las campanas se opone la virtual ausencia de las restantes piezas de la colección.
Dang Thai Son supo presentar a Fauré con la suma de inventiva y recursos sonoros; y a Ravel con vuelo y exquisitez sugerente. Sus tempi fueron arrojados y la música brotó entre sus dedos sin el mínimo trazo de dificultad.
Si el recital hubiese terminado allí, hubiese rayado la suprema excelencia. El problema es que hubo una segunda parte y que estuvo íntegramente dedicada a Chopin. Y sabido es que, entre muchos compositores difíciles como Mozart, Schubert o Schumann (por dar unos pocos ejemplos), la música de Chopin es tan difícil por lo que demanda que un intérprete haga como por lo que le pide que no haga. Es la indisciplina romántica con reglas, la libertad con respeto a la métrica, la sutileza sin renuncios ni blanduras, los ritmos exactos, amén de los requerimientos digitales. El pianista tocó las obras sin estar inmerso en ellas, las tocó sin interpretarlas, las tocó sin un sello personal y distinguible (¿alguien podría confundir a Rubinstein, Friedman, Brailowsky o Horowitz en Chopin?) : sin excesos pero con exageradas reservas, sin extralimitaciones pero con fronteras expresivas.
En fin, que en esta parte del repertorio, al menos en la oportunidad, fue poco interesante.

La pregunta a hacerse es común en el firmamento pianístico actual:
¿ podrá Dang Thai Son ser distintivo y distinguible alguna vez?, ¿o será uno más?

Grandes Damas del Piano I . 5 ¿La más grande pianista del Siglo XX?

Continuamos una serie que deseamos sea fascinante. Sin que el asunto transite por cuestiones de género, evocaremos las historias de muchas mujeres que se destacaron como pianistas en el siglo pasado. Todas diferentes, cada una de ellas con sus atractivos irán desfilando por estas líneas intérpretes muy conocidas y otras hoy completamente olvidadas. Confiamos en que nuestros lectores sentirán el deseo de ir a los archivos y escucharlas atentamente. Se verán recompensa

EILEEN JOYCE (1912-1991), hoy casi olvidada, nació en la lejana Tasmania. Su año de nacimiento es tentativo, porque habiendo nacido en condiciones de extrema pobreza, sus padres le manifestaron que habían perdido la noción del tiempo al registrar su venida al mundo.
Tras sortear los estudios primarios penosamente, porque no los podía pagar, hasta recibió lecciones de piano en un Convento en Perth, Australia. Tocó allí para Grainger, que le recomendó ir a estudiar a los Estados Unidos.
Esto no pudo concretarse, y cuando Wilhelm Backhaus (en una de sus giras australianas) sugirió que fuera enviada a Leipzig
para perfeccionarse, se creó finalmente una fundación que costeó su viaje. Estudió allí con Pauer, quien al enfermar no pudo seguir con las lecciones. Entonces, cuando estaba a punto de volverse a Oceanía, corta de fondos, el célebre Teichmüller se ofreció a instruirla sin cobrarle. Recién en ese instante tuvo a su disposición buena comida, vestidos dignos y posibilidades de estudiar.
La recomendación de Teichmüller a Albert Coates llevó al debut de JOYCE con Henry Wood en 1930, tocando el Tercer Concierto de Prokofiev. Allí comenzó a extenderse su carrera en Liverpool, Manchester y otras ciudades. En esos lejanos días adquirió un repertorio de cincuenta conciertos con orquesta. A veces tocaba hasta tres conciertos en la misma velada(como solían hacer Rubinstein, Gieseking y Weissenberg). Al parecer
estudió brevemente con Artur Schnabel.
Mandó un disco de demostración a Parlophone, donde quedaron paralizados por su destreza. Hasta 1940 tuvo un contrato con esa compañía, que posteriormente cambió por otra firma. Grabó finas ejecuciones, entre otras, de la Rapsodia Sinfónica de Turina, el Rondo KV386 de Mozart y el Concierto Op.35 de Shostakowitsch, obra que había estrenado en 1936. También grabó el Concierto de Ireland (entre sus dedos, interesante) y el de Grieg. Sus Variaciones Sinfónicas, con
Munch, deben ser las del mejor y más fino toque que jamás se hayan registrado, incluyendo a Gieseking.
Le gustaba muchísimo grabar discos, y a ello se dedicó en su corta carrera. Junto a Iturbi tocó en la gira de la Orquesta de Filadelfia por Londres en 1949. Viajó por América, Oceanía, Australia y Rusia y cerca de 1960 se retiró, agotada de tanto tocar.
Re emergió en 1967 para tocar una de sus especialidades, el Segundo de Rachmaninov (que había tocado en la película Breve Encuentro). Murió, ya retirada hacía mucho tiempo, en 1991 en Inglaterra, donde su figura ha resurgido en las reediciones, que han hecho que los nuevos melómanos conozcan su arte singular.
Tenía el más perfecto mecanismo que se recuerde en una dama, y su toque era alado, su pensamiento profundo y su elegancia proverbial.Su Fantasía Impromptu es una de las mayores que han llegado al disco; como grandes son sus grabaciones de Gnomenreigen, Waldesrauschen y La leggierezza.
En la grabación junto a Temianka y Sala, del Trío Op.32 de Arensky es genial. La primer Balada de Chopin la encuentro amanerada, pero la Tercera es magnífica; su primer disco, un difícil estudio de de Schlözer no puede ser siquiera alcanzado. Unas pocas Piezas Líricas de Grieg son idiomáticas, y su Balada de este autor, difícil serie de variaciones, es la que me gusta más de todas las que se grabaron, a pesar del tremendo renombre de la de Godowsky.

También hizo algunas grabaciones en clave (con Thurston Dart), muy curiosas y perfectas.
En su Mozart había frescura y vigor; el Scherzo de d’Albert (que grabó Wild) es espectacular y la Tocata de Debussy pocas veces ha sido tan bien interpretada. Muy interesante, por último, su registro de las Tres Danzas Fantásticas de Shostakowitsch.
Ha sido una estilista de pura raza y una instrumentista de la más elevada alcurnia. Eileen Joyce pasa a la gran historia de la interpretación musical, a pesar de su breve carrera, por dotes nunca alcanzadas por sus colegas y compañeras de ruta.