martes, abril 15, 2008

Inolvidable en Buenos Aires, olvidado en otros lugares

ALEXANDER BRAILOWSKY (1896-1976) fue un instrumentista y músico muy reconocido y, sobre todo, reconocible.
Frecuentemente omitido en los libros de referencia (Schonberg solamente lo alinea, sin explayarse sobre él, junto a media docena de ignotos alumnos de Leschetitzky, en un craso error de perspectiva histórica de ese cronista), en­carnó -quizás como pocos- el auge y la decadencia de una carrera. Brailowsky fue hasta (aproximadamente) mediados de los años cuarenta. La decadencia vino después y rozó extremos alarmantes.

Su repertorio (un pianista de raíz absolutamente romántica) era impresionante. Recordamos las palabras de Heinrich Neuhaus cuando habla de la técnica y dice: "Técnica viene de tekné, que en griego quiere decir Arte". Nunca se ha hecho un mejor retrato del Brailowsky de la grandeza.

Sus manos, de dimensiones gigantescas, eran capaces de hacer estremecer un gran cola sin herirlo jamás; o de acariciarlo hasta convertir una escala en un susurro. Su uso de los pedales era magistral. Su articulación era clara. De este tiempo, de su mejor momento, solamente podría objetarse cierta previsibilidad en el uso del rubato.

Todo esto no podrán percibirlo sino remotamente quienes escuchen sus discos, aún los de la era de oro. Porque, crease a no, Brailowsky era, en las décadas del veinte y del treinta, más seguro e inventivo en vivo que en estudio. De todas formas, no desaprovechemos la ocasión de acercarnos a aquel momento de su arte, gracias a una reedición en CD de todos sus Polydors y HMV de aquellos tiempos. Escuchar al Brailowsky de LP (CBS y RCA) es escuchar el declive. Y la magnitud de una montaña se percibe ascendiendo, no al bajarla. Quienes no le escucharon en carne y hueso, lamentablemente sólo pueden remitirse a su legado fonográfico.

¡Quienes conocieron a su hermana Zena manifiestan que tocaba mejor que el propio Alexander!

No debiéramos pasar por alto que Brailowsky tocó en más de treinta ocasiones la obra integral de Chopin en público, aunque no fue el primero en empeñarse en tal reto. Methuen Campbell refiere que Risler y Lortat habían cumplido esta hazaña con anterioridad. En cuanto al número citado de repeticiones deriva de las mejores fuentes que hemos podido rastrear. El mismo Campbell, en su libro sobre Chopin y los pianistas que lo interpretaron (imperdible), cita a Brailowsky como habiendo ejecutado el integral en 8 ocasiones, en 24 años. No creo que la polémica sea substancial. Su trabajo en los estudios para Polydor y sus primeros HMV, a no dudarlo, le han reservado un lugar en la historia del piano.

Hasta los 8 años fue autodidacto o ligeramente dependiente de algunas nociones que su culto padre le impartió.

Cuando el Inspector General de Escuelas Rusas de Música, enviado del zar (pero en serio, no como en el film de Danny Kaye...) escuchó al niño Alexander, le pidió que se adelantase para ver sus manos. Al igual que mucho tiempo antes Czerny proclamara el futuro de Liszt, este Inspector se expidió: "Estoy seguro que estás destinado a ser un gran pianista". Suele uno, al leer estas historias, descreer de las opiniones de los burócratas, pues eso es lo que usualmente son los inspectores de conservatorios. En el presente caso, cabe decir que aquel funcionario, poco propenso al elogio, sabía de qué se trataba el asunto, pues no era nada más y nada menos que... Sergei Rachmaninov.

Luego, muchos años más tarde, pudieron compartir una estrecha amistad en América: el entonces inspector, era un compositor/director/virtuoso expatriado y el otrora niño ejecutante que había recibido su bendición, un pianista reconocido y consumado.

De hecho, la muerte sorprendió a Rachmaninov en vísperas de una ejecución de su propio Segundo Concierto en San Francisco, siendo Brailowsky quien tomó su lugar.

En la corte de Leschetitzky había recibido su instrucción Puchalsky, el maestro de Brailowsky. Hacia 1911, éste (con toda su familia) se fue de Kiev a Viena para seguir en la tradición de su propio maestro, tomando clases con un anciano sabio de 80 años, cuya lista de alumnos es, acaso, la más impresionante de la historia. Brailowsky no habría de volver a Rusia hasta medio siglo después. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Brailowsky se fue a Suiza, donde se instruyó con Busoni, que a la sazón residía en Zürich.

Al reabrirse las fronteras, finalmente, pudo llegar a París, donde tomó -en el último periodo como alumno- clases con Francis Plante. Esa tríada de insignes profesores (Leschetitzky, Busoni, Planté), de los cuales Usted ya ha leído en líneas anteriores, cinceló a este gran artista. Y en sus ejecuciones se nota, desde lejos, la influencia del rigor contrapuntístico de Busoni y el amor por el buen sonido de Planté y Leschetitzky. Del valor que le daba Brailowsky a su instrucción vienesa habla la referencia de Fred Gaisberg, el legendario director de HMV, que cuenta que en los años treinta, cuando Brailowsky grabó sus primeras treinta caras para ese sello, lo hizo en rápida sucesión y sin cometer un solo error. "Todos coincidimos que nunca habíamos presenciado tamaña infrecuente exactitud y seguridad técnica. Nuestra curiosidad se despertó en cuanto a saber cómo había llegado a esa perfección -la que fue satisfecha cuando nos respondió que su maestro había sido Leschetitzky-". La mejor prueba del grado último hasta el cual el viejo maestro respetaba la individualidad artística de sus alumnos, la vuelve a dar (nuevamente) un listado breve de algunos de sus discípulos: SCHNABEL, PADEREWSKI, FRIEDMAN, BRAILOWSKY, NEY, GABRILOWITSCH, MOISEIWITSCH…

La frase que se le atribuye al viejo maestro, de extracción romántica (a pesar de haber recibido lecciones de Czerny) justifica en parte que la inmensa mayoría de sus discípulos se hayan orientado hacia el romanticismo: "Toquen nomás el Clave Bien Temperado si les interesa, pero ¿para qué gastar el tiempo en él existiendo todo Beethoven, Schumann, Chopin, Liszt y Brahms para dominar?.." El nudo gordiano de su filosofía docente era que había que estudiar poco y bien. Nada de sentarse al piano y pasar horas tocando ejercicios, o proyectando dedo por dedo lentamente como si se aprendiese a escribir a máquina: "Nadie puede estudiar por mucho tiempo sin volverse mecánico, y ESO es precisamente lo que no me interesa. Dos horas, tres a lo sumo, es lo que cualquiera debería ne­cesitar si solamente habrá de escuchar lo que toca y criticarlo". Tuvo Brailowsky que luchar incesantemente para sacudirse el título nunca buscado ni pretendido de especialista en Chopin. Esa lucha se materializaba en la extensión de sus recitales y en la diversidad de los mismos.

Por ejemplo, en dos meses en el Teatro Colón, interpretó obras diferentes de Johann S. Bach, Wilhelm Friedemann Bach, Vivaldi, Scarlatti, Haydn, Mozart, Beethoven, Weber, Hummel, Schubert, Schumann, Chopin, Mendelssohn, Liszt, Brahms, Franck, Saint-Saëns, Grieg, Faure, Ravel, Debussy, Poulenc, Bartok, Villa Lobos, de Falla, Moussorsky, Tschaikowsky, Liapounov, Balakirev, Liadov, Rimsky Korsakov, Scriabin, Prokofiev, Rachmaninov y las grandes transcripciones de Busoni, Liszt, y otros.

Sus discos CBS, más que "Masterworks" parecen "Pupilworks". Su recital Liszt para la RCA es la ignominiosa visión de quien no se percató (ni se lo hicieron notar) que ya no podía abordar ese repertorio. Su decadencia instrumental, como la de CORTOT, fue un punto sin retorno. Lo lamentable es que muchos compradores de discos y algunos críticos adocenados y poco afectos a la investigación retrospectiva, hagan un cuadro de Brailowsky por esos LPs y no por los viejos Polydors o HMV.

Así califican desaprensivamente a un grande, a una de las últimas ramas del piano romántico de nuestro siglo. Un grande al que nunca debieron permitirle empequeñecerse en tal magnitud...

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Fecilito a los editores de ladansedepuck por el extraordinario contenido de este blog. Alicia Amalfi

La Danse de Puck dijo...

¡Gracias, Alicia! La incorporamos a nuestro mundo de los "recuerdos", que hoy sentimos como "necesidad" de nuestra vapuleada Cultura y Patria. Así como con lo malo, olvidar el pasado implica el peligro de reiterarlo, no recordar lo bueno conlleva el riesgo de no poder repetirlo.

Anónimo dijo...

Así es, ladansedepuck es un indispensable blog para los jóvenes de hoy, intérpretes y estudiosos de la música. Los Maestros, que fueron y son y seguirán siendo ejemplo, enseñan más que cualquier conservatorio. Una vez más, felicitaciones!! Alicia Amalfi

La Danse de Puck dijo...

Justamente hemos tenido en mente a la juventud, visto que existe una marcada carencia de afectos en sus propios maestros hacia los grandes, y siendo ellos responsables de acercarlos a este material. En algunos casos, hemos adjuntado algún archivo musical para descargar. En el Aniversario del nacimiento de Arturo Toscanini [publ. del 27-Marzo-2008] hay dos ensayos [Ballo y Otello], digitalizados de cintas por la Redacción y alojados en el servidor www.rapidshare.com para descargar en forma gratuita.

Ubeda dijo...

Yo poseo como un tesoro la integral de los valses de Chopin por Brailowsky grabada en RCA y no observo en ese disco decadencia alguna. Para mí es comparable, o mejor, que Rubinstein y Cía. ¿Usted sí ve "declive" en este gran disco?

La Danse de Puck dijo...

Hemos aludido al declive del pianista con el paso de los años sin mancillar su nombre. Compare, por ejemplo, la 2da Sonata de Chopin de Polydor con la de RCA; o la 3ª de HMV con RCA; o los valses de Polydor con los que Ud. cita y verá que Brailowsky se fue haciendo más rígido y más seco cuando entró en la era del LP. En cuanto a compararlo con Rubinstein, no nos parece demasiado procedente, pues tenían estéticas diferentes.